¿AMIGA, HERMANA O AMANTE DEL PAPA?




¿AMIGA, HERMANA O AMANTE DEL PAPA?


Por Aurelio Nicolella


La polaca Wanda Poltawska y Karol Wojtila se conocieron en 1951 y por más de cincuenta y cinco años se escribieron cartas. Dicha correspondencia epistolar, única prueba en contra hasta hoy que existe, que ha hecho que el primer Papa polaco de la historia no pueda alcanzar los altares todavía.

Desde el Vaticano se le exige e insisten que haga entrega de dichas cartas cuanto antes, puesto que su actitud lo que hace es retrasar el proceso de santificación, proceso que podría elevar a Juan Pablo II a los altares en la primavera del 2010, justamente en el quinto aniversario de su muerte.

Pero la médica siquiátrica se resiste ha hacerlo, y hasta ahora han sido vanos los esfuerzos incluso del cardenal de Cracovia, Stanislaw Dziwisz, quien era considerado como un hijo adoptivo de Karol Wojtyla por cuatro décadas en que fue su secretario personal.

La pregunta es ¿porque al Vaticano le urge que le entreguen dichas cartas?, se supone que si el carteo fue entre Karol Wojtila y Wanda Poltawska, por lo menos las carta enviadas por Wanda a Karol Wojtyla deberán conservarse en poder del Vaticano, y estos tendrían la posibilidad de analizar que condición de amistad existía entre ellos.

A la fecha la preocupación en la Santa Sede hace intuir que se sabe muy bien que la relación entre ambos era más que una simple amistad o cariño, por lo menos hasta los años en que el mal de parkinson aquejo al pontífice romano.

La premura surge por las cartas que no están en poder del Vaticano, hasta ahora, al existir una parte de la correspondencia epistolar en poder de un tercero esto es la destinataria, haría que en el futuro, ya siendo canonizado Juan Pablo II se supiera la parte oscura de esa amistad, o que clase de amistad se hablaba, si dichos escritos fueran a parar a manos inescrupulosas.

Pero, ¿quien era Wanda Poltawska?, con solo 18 años de edad fue miembro de la resistencia polaca durante la ocupación nazi del país, fue tomada prisionera por las tropas de elite alemanas y transferida y recluida en un en un campo de concentración donde los nazis hacían experimentos médicos con seres humanos. Sometida a horrendas torturas se cuenta de ella que jamás delato a ninguno de sus compañeros en la resistencia. En el campo de concentración Ravensbrück en territorio alemán, era el campo de concentración en donde dejaban dar a luz a las embarazadas, y después echaban a los niños al fuego. Evitaban así los abortos para que no se perdieran días de trabajo.

Ella misma fue sometida a experimentos inhumanos junto a muchas mujeres polacas, gitanas y judías por el doctor Karl Gebhardt. De dichos experimentos eran pocas las mujeres que sobrevivían, Wanda estuvo entre prisionera y alojada en campos de concentración casi cinco años.

Precisamente ya cuando ya habían pasado unos años de su liberación, cuando conoció en 1951 a un joven sacerdote Karol Wojtyla, ella misma dice: "...en 1951, cuando yo estaba atormentada y destruida. A las cobayas humanas nos llamaban “conejas”. En aquel campo de concentración comprendí que el hombre no es automáticamente imagen de Dios, sino que debe esforzarse por serlo. El vicepárroco (por Karol Wojtyla) de San Florián fue mi confesor, y me ayudó a salir del dolor atroz del “lager”. Gracias a él dejé de sentirme culpable por haber sobrevivido a aquellas mujeres...”

Wanda se casa con Andrei Poltawska, medico siquiatra como ella, este estuvo siempre al tanto de la amistad entre su mujer y Karol Wojtyla, tal es así que ellos se incorporaron al grupo selectos de hombres y mujeres que compartían largas excursiones de montaña con Karol Wojtyla para hablar de Dios, de filosofía y de antropología en un clima más tranquilo, lejos de la vigilancia comunista.

No le llamaban "padre" sino "tío Karol", que resultaba más discreto, a los ojos del régimen socialista.

Así nació una amistad fortísima que ha durado toda una vida y ha producido centenares de cartas en que Karol firmaba "fr" por "hermano", pues se consideraba "adoptado" por la familia de Andrei Poltawska y Wanda, con cuya ayuda profesional escribiría "Amor y responsabilidad" (1960) y "Persona y acto" (1969).

Aquellas reflexiones sobre el amor humano fueron el origen del Instituto de Teología de la Familia de Cracovia, que dirigiría Wanda, y de las 130 catequesis de Juan Pablo II sobre la "Teología del cuerpo", una página todavía poco valorada de su Pontificado.

Tan fuerte había llegado la amistad que en el año 1962 Karol Wojtyla peticiono al místico sacerdote italiano Pío de Pietrelcina la gracia de la curación para Wanda que se encontraba enferma de un tumor maligno, ella curó milagrosamente poco de que la operaran.

Sobre el carteo epistolar Wanda llego a decir que “...desde el primer momento en que le vi (por Karol Wojtyla) estuve segura de que sería santo. Irradiaba una luz interior imposible de esconder. Tengo una maleta llena de cartas suyas, pues no he destruido ninguna. No puedo revelar cuántas he entregado a la causa de beatificación...”

El problema radica precisamente en que Wanda Poltawska no entrega las misivas o copias de las mismas, lo que acarrea un problema, para el proceso de beatificación de Juan Pablo II, al no saber que escribia el Sumo Pontifice.

El Vaticano quiere copia de todas las cartas porque, según el cardenal José Saraiva Martins, “...en el futuro, cualquiera podría objetar que no se examinó toda la documentación...”.

El ex prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos insiste en que “...es un caso especial. Un epistolario de cincuenta y cinco años es una narración continua y no basta con conocer sólo una parte. Es preciso estudiarlo entero para conocer mejor la figura humana de Karol Wojtyla y evitar posibles polémicas en el futuro...”

Los defensores de la beatificación de Wojtyla manifiestan que “..que en el mundo anterior internet y los mensajes de texto de celulares, lo habitual era escribir, y el joven Karol lo hacía en abundancia: poemas, obras de teatro y ensayos. Después, como sacerdote y obispo, escribiría homilías, ensayos y cartas. Miles y miles de cartas en las que siempre había cariño hacia el destinatario...”

En el Vaticano, es “vox populli” que el ala progresista de la Santa Sede le esta pasando factura a Juan Pablo II, precisamente en revancha por lo conservador que había sido su pontificado.

Hasta ahora, Wanda, la "querida Dusia" o "querida hermana" como Karol Wojtyla la llamaba en sus cartas, se resiste a entregar esa correspondencia, las que guarda y atesora como algo muy personal, mientras el Papa peregrino espera subir a los altares.